Parte I James
Aproximadamente a las 16.15 James se puso en pie. Había estado recostado durante tres siglos y sentía el peso de su ansiedad en la espalda. Desesperadamente buscó la metáfora que le permitiera inspirarse, pero se dio cuenta de que pensar ya no le correspondía. Hacía treinta años que había engendrado existencia suya y todavía no lograba despojarse de ese empuje que lo guiaba ahora a escribir, y luego a dibujar, a cambiar todos los días de nombre, a redactarse en primera persona y media. Un proceso violento, sin dudas. Escribir significaba para él un proceso violento. Entonces, rabioso de letras, acudió a mí. Me pidió ayuda. Estaba hecho una enredadera de nervios y no paraba de correrle electricidad por entre los hilos de la piel. No pude negarme, no hubiera podido.
Parte II Frank
Frank conversaba con su soledad en la mañana de enero de 2014. Había olvidado que hace aproximadamente cinco años, hubiera sido capaz de predecir que esta conversación ocurriría, más o menos, para esta fecha. Lo que jamás podría haber olvidado es que ella, Leda, se había cruzado por su camino. Muchas veces habían atravesado el bosque por el que ahora corría.
Su vida parecía un dibujo automatizado, no estaba acostumbrado a programar su futuro. Recordó que estaba dispuesto a no olvidarla.
Parte III Leda
Leda es mujer. Quien escribe es varón. Le dije a James que no podría construir este personaje. Que era una tarea demasiado difícil y que pecaría de soberbio si tan solo lo intentara. Me sugirió que me dejara llevar por mi costado más mujer o por mi lado homosexual. Eso intento hacer ahora. Leda permanece lejana a él en todo sentido. Pero su lejanía lo acerca a su recuerdo.
¿Cómo es posible que él ya no haya sabido absolutamente nada de ella? No tenía dudas de que James la había amado. No tenía dudas. Pero el verbo tenía es pasado. Y Leda es mujer.
Parte IV: Leda, James, Frank
La pausa del mate les permitió intuir que su necesidad de agruparse algún dia los llevaría por el camino de la creación. Cuando los tres al mismo tiempo giren su cabeza; hacia la ventana en el caso de James, hacia el rio en el caso de Frank y hacia sus pinceles, en el caso de Leda, sabrán que se estuvieron necesitando, sin saberlo.
Leda se dispuso a seguir su camino, James a seguir sufriendo y Frank a juntar, palabra por palabra, recuerdo por recuerdo, algo que lograra coherencia y expresión.
Lo más importante de todo, según Frank , es cuando se encontrara con Leda. El grafito, las hojas y las sabanas lo recuerdan mejor que los propios protagonistas.
Parte V: Ninguno
Cuando la savia finalmente combustionó, despertó un sueño que los aprovechó para expandirse por toda la ciudad, el campo y la porción de universo que crece bajo su influjo.
El amargo calor recorrió la garganta del tiempo, y la reina vegetal culminó en su gloria. La Pamba y la Tierra, la tierra y el agua se hicieron amigos de un solo trago.
La pitada más larga cobró vida. Se alojó feliz en el ventrículo izquierdo. Allí permanecerá. Será cicatriz de placer. Siempre.
Parte VI: Todos. Final.
La calma me adormeció. A la mañana siguiente, podré reconocer el armado de mis verbos y la estructura regular de mis oraciones. La posibilidad de escribir es todo lo que tenía a mano. Pido disculpas al lector. O sea, a quien escribe. Y agradezco a quien recorrió el intento.
Aproximadamente a las 16.15 James se puso en pie. Había estado recostado durante tres siglos y sentía el peso de su ansiedad en la espalda. Desesperadamente buscó la metáfora que le permitiera inspirarse, pero se dio cuenta de que pensar ya no le correspondía. Hacía treinta años que había engendrado existencia suya y todavía no lograba despojarse de ese empuje que lo guiaba ahora a escribir, y luego a dibujar, a cambiar todos los días de nombre, a redactarse en primera persona y media. Un proceso violento, sin dudas. Escribir significaba para él un proceso violento. Entonces, rabioso de letras, acudió a mí. Me pidió ayuda. Estaba hecho una enredadera de nervios y no paraba de correrle electricidad por entre los hilos de la piel. No pude negarme, no hubiera podido.
Parte II Frank
Frank conversaba con su soledad en la mañana de enero de 2014. Había olvidado que hace aproximadamente cinco años, hubiera sido capaz de predecir que esta conversación ocurriría, más o menos, para esta fecha. Lo que jamás podría haber olvidado es que ella, Leda, se había cruzado por su camino. Muchas veces habían atravesado el bosque por el que ahora corría.
Su vida parecía un dibujo automatizado, no estaba acostumbrado a programar su futuro. Recordó que estaba dispuesto a no olvidarla.
Parte III Leda
Leda es mujer. Quien escribe es varón. Le dije a James que no podría construir este personaje. Que era una tarea demasiado difícil y que pecaría de soberbio si tan solo lo intentara. Me sugirió que me dejara llevar por mi costado más mujer o por mi lado homosexual. Eso intento hacer ahora. Leda permanece lejana a él en todo sentido. Pero su lejanía lo acerca a su recuerdo.
¿Cómo es posible que él ya no haya sabido absolutamente nada de ella? No tenía dudas de que James la había amado. No tenía dudas. Pero el verbo tenía es pasado. Y Leda es mujer.
Parte IV: Leda, James, Frank
La pausa del mate les permitió intuir que su necesidad de agruparse algún dia los llevaría por el camino de la creación. Cuando los tres al mismo tiempo giren su cabeza; hacia la ventana en el caso de James, hacia el rio en el caso de Frank y hacia sus pinceles, en el caso de Leda, sabrán que se estuvieron necesitando, sin saberlo.
Leda se dispuso a seguir su camino, James a seguir sufriendo y Frank a juntar, palabra por palabra, recuerdo por recuerdo, algo que lograra coherencia y expresión.
Lo más importante de todo, según Frank , es cuando se encontrara con Leda. El grafito, las hojas y las sabanas lo recuerdan mejor que los propios protagonistas.
Parte V: Ninguno
Cuando la savia finalmente combustionó, despertó un sueño que los aprovechó para expandirse por toda la ciudad, el campo y la porción de universo que crece bajo su influjo.
El amargo calor recorrió la garganta del tiempo, y la reina vegetal culminó en su gloria. La Pamba y la Tierra, la tierra y el agua se hicieron amigos de un solo trago.
La pitada más larga cobró vida. Se alojó feliz en el ventrículo izquierdo. Allí permanecerá. Será cicatriz de placer. Siempre.
Parte VI: Todos. Final.
La calma me adormeció. A la mañana siguiente, podré reconocer el armado de mis verbos y la estructura regular de mis oraciones. La posibilidad de escribir es todo lo que tenía a mano. Pido disculpas al lector. O sea, a quien escribe. Y agradezco a quien recorrió el intento.
